H. Ayuntamiento de Venustiano Carranza

La zona arqueológica de Santo Ton y el culto a los “Santos” de Piedra

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Cerca de la ciudad de Venustiano Carranza, 7 kilómetros al norte, se localiza los vestigios de una antigua ciudad prehispánica, que ha decir de algunos arqueólogos, basados en las evidencias constructivas – destruidas actualmente debido al saqueo -, debió de haber sido de cierta importancia en la región. Este yacimiento arqueológico, llamado hoy en día Santo Ton, o bien, Molochac, ha recibido poca atención científica. 

El norteamericano Robert Adams, quien llevó a cabo allí un breve estudio arqueológico, entre 1958 y 1960, propuso la posible ocupación del sitio durante el Clásico Tardío, además, a partir de evidencias de cerámica, indicó que, con altas posibilidades, la zona continuó ocupada a lo largo del Posclásico Temprano y consideró además, con pocas evidencias arqueológicas, la continuidad de su ocupación en el Posclásico Tardío. 

Además del descubrimiento del Juego de Pelota, de amplia tradición mesoamericana, uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores que visitaron Santo Ton, a lo largo de los siglos XIX y XX, fue la continuidad de complejos rituales agrícolas en honor a esculturas de piedra prehispánicas antropomorfas y zoomorfas.

El geógrafo alemán Karl Sapper, quien visitó en 1893 las ruinas de Molochac, ubicadas en la cumbre del cerro del mismo nombre, reportó por primera vez la presencia de un extraño culto de carácter agrícola dirigido a esculturas prehispánicas que los vecinos denominaban genéricamente con el término español “Santos” (Esponda y Lee, 1996; López, 2013). En sus notas de campo asienta que los indios acudían a este sitio durante las fiestas católicas de Semana Santa –marzo o abril- y de Todo Santo -1 de noviembre-. Sobre el mencionado culto y sobre las imágenes veneradas, agregaba que en el patio de las ruinas, debajo de un árbol de mango “los indios han reunido a los dioses de piedra y a quienes celebran con fiestas nocturnas. Desafortunadamente los ídolos están muy destruidos por estar a la intemperie y es por ello que sólo se les ve la forma y los detalles (Sapper como se citó en Esponda, 1996).

A lo largo del siglo XX varios estudiosos documentaron la continuidad de la ritualidad agrícola en el Molochac. Marcos E. Becerra (citado por Esponda, 1996) registraba en las primeras décadas de esta centuria lo siguiente: “los indígenas concurren a prácticar una especie de culto a este lugar, también llamado Santotón (‘santo de piedra’), el día 8 de mayo” (p.234). Por su parte en 1945, el explorador danes Franz Blom y su esposa Gertrude Duby (como se citó en Esponda, 1996) recorrieron las ruinas arqueológicas, al hacer referencia a la veneración a las imágenes de piedra Blom escribió: “Hasta hoy van ahí los nativos para quemar incienso y hacer ofrendas al dios de la lluvia para que riegue sus milpas” (p.234). El ya mencionado arqueólogo Robert Adams (como se citó en Esponda, 1996) también dejó registro del culto indígena en el Molochac:
Al Oeste del juego de pelota, hay una línea de santos burdamente tallados a la vez que erosionados; probablemente fueron reunidos allí y recolectados en varias partes de las ruinas. Como los encontró Sapper en su tiempo, se informa que todavía eran objeto de plegarias para que manden lluvia. (1996: 235).

Por esos mismos años, el antropólogo Marcelo Díaz de Salas (1995) llevó a cabo trabajo de campo etnográfico con los Totikes de Venustiano Carranza, recopilando datos referentes a las creencias y a los ritos de este grupo indígena. Llama la atención que la información que nos proporciona en su Diario… sobre los ritos en el Molochac es muy escaso. De hecho, a pesar de haber vivido más de un año en la ciudad participando de la vida ritual de los Totikes, no participó en las ceremonias a los “Santos de piedra”. Una de las escasas referencias proviene de un anciano Principal, quien le comentó sobre las visitas que por entonces se efectuaban desde Carranza al yacimiento arqueológico:

Durante el mes de mayo se va de visita a Santantón, pues allí están los Santos de los Antiguos, “antes se encontraban regados pero ahora están en hilera” pues ya “los juntamos”. Van hombres y mujeres con candela y flores, salen del pueblo rezando y regresan rezando”. (1996: 105; Énfasis propio)

A propósito de las esculturas sagradas, el cronista local Juan María Morales Avendaño (1974) las describió en la década de los setentas de la siguiente manera: “[los] ídolos de piedra [son] de diferentes tamaños y formas, pero todos con figuras humanas a excepción de algunos adornos con figuras de animales especialmente simios”.

Las últimas evidencias sobre la continuidad cultual en el Molochac provienen de Lee y Esponda (1996). En efecto, en 1995 estos estudiosos hallaron restos de ofrendas en el mismo sitio que Sapper había documentado un siglo atrás. No obstante, todo indica que los ritos públicos que dirigían los Principales, en mayo, concluyeron en los años setentas del siglo pasado, década en que las casi cien esculturas sagradas fueron sustraídas clandestinamente por investigadores extranjeros, nacionales y locales. Debido al saqueo de las esculturas prehispánicas, los escasos oferentes que continuaron con las ceremonias en el Molochac parecen haber empleado piedras sagradas como reemplazo, colocadas en forma de media luna tal y como demuestran Lee y Esponda (1996).

Para sorpresa nuestra, en otra visita que efectuamos al sitio (…) al estar recorriendo de nuevo algunas partes de la zona arqueológica, pudimos percatarnos que el culto a los “Santos” aún sigue vigente en su lugar original, a lado del palo de mango, allí observamos alineados, en forma de media luna, varias piedras de distintas formas y tamaños, incluido un “Santo” erosionado y, sobre una de esas piedras hallose una ofrenda de un cirio lo cual indica que el sitio donde se encontraron los antiguos “Santos” es un lugar sagrado donde moran los “dadores de lluvia”.

A pesar de la importancia que parece haber tenido en la región la ciudad de Molochac -¿acaso un asentamiento mayance de hablantes del tseltalano?- durante la época prehispánica y del destacado papel que las esculturas antropomorfas y zoomorfas cumplieron en la vida ritual de los Totikes, en los siglos XIX y XX. En la actualidad el yacimiento se encuentra completamente saqueado y las esculturas desde hace décadas fueron robadas. Triste final para la que quizás sea la zona arqueológica de mayor importancia en el municipio.

Antrop. Juan Martín Coronel Lara
Cronista del H. Ayuntamiento de Venustiano Carranza Chiapas